Libros

‘Donde el corazón te lleve’ Susanna Tamaro

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Valoración: ★★★

Hace ya bastante tiempo que me leí este libro, pero me pareció bastante curioso. En apenas 150 páginas a través de cartas nos cuenta la vida de una mujer. Sus penas, alegrías y miedos. Olga comprende que le queda poco de vida y decide abrir su corazón al ser más preciado que perdió: su nieta. Ella vive en EE.UU. y estas cartas son una especie de conversación para que ella ayude a entender su vida, sus reacciones y sus miedos.

En estas páginas viviremos la difícil infancia de Olga, la extraña juventud que vivió, un matrimonio sin amor, el verdadero amor, la muerte de su hija y la pérdida de su nieta.

Estas son las frases que más me gustaron del libro.

 

PÁG. 12-13

De los abuelos no se es ni huérfano ni viudo. Por un movimiento natural se les deja a lo largo del camino, de la misma manera que, por distracción, a lo largo del camino se abandona un paraguas.

 

PÁG. 17

No temas, no quiero pontificar ni entristecerte, tan sólo charlar un poco con esa intimidad que antaño nos unía y que hemos perdido durante los últimos años. Por haber vivido tanto tiempo y haber dejado a mi espalda tantas personas, a estas alturas sí que los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no se ha dicho.

 

PÁG. 59

A lo largo de los cruces de tu camino te encuentras en otras vidas: conocerlas o no conocerlas, vivirlas a fondo o dejarlas correr es asunto que sólo depende de tu elección que efectúas en un instante. Aunque no lo sepas, en pasar de largo o desviarte a menudo está en juego tu existencia, y la de quien está a tu lado.

 

PÁG. 71

Gran parte de mi vida ha sido así. Más que nadar, he manoteado desordenadamente. Con gestos inseguros y confusos, sin elegancia ni alegría, tan sólo he conseguido mantenerme a flote.

 

PÁG. 75

En el momento en que empezamos a arrojar lastre, a eliminar lo que no nos pertenece, lo que proviene del exterior, es cuando ya estamos bien encaminados.

 

PÁG. 82

Así son las cosas, en la vida hace falta tener generosidad: cultivar el pequeño carácter propio sin ver nada más de lo que hay alrededor significa seguir respirando pero estar ya muerto.

 

PÁG. 107

Los recuerdos tristes dormitan largo tiempo en una de las innumerables cavernas de la memoria; se mantienen allí durante años, decenios, la vida entera. Después, un buen día vuelven a la superficie, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso y punzante como lo era aquel día hace tantos años.

 

PÁG. 172

Cuando somos niños nos gusta mucho subir a los desvanes, en la vejez no tanto. Todo lo que era un misterio, descubrimiento aventurero, se vuelve dolor del recuerdo.

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