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336. “Oslo, 31 de Agosto” de Joachim Trier

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336. Oslo, 31 de Agosto (Oslo, 31. August). Joachim Trier (2011). ★★

Esta película me llamó la atención cuando llegó a España, no fue en 2011, nos llegó un par de años después, pero por circunstancias de distribución no llegó cerca de mi zona, sin embargo gracias a la apuesta de Filmin por cine no tan comercial, últimamente estoy paseándome por Europa en un ciclo de cine muy personal, de esas que siempre he querido ver o debería ver.

Anders (Anders Danielsen) está a punto de acabar un tratamiento de desintoxicación en un centro. Como parte de su terapia, una mañana va a la ciudad para presentarse a una entrevista de trabajo. Aprovechando el permiso, se queda en la ciudad y se encuentra con gente que hacía mucho tiempo que no veía. Es un hombre inteligente, guapo y de buena familia, pero se siente profundamente perturbado por las oportunidades que ha desaprovechado y por las personas a las que ha decepcionado. Sin embargo, al llegar la noche su pasado y su presente jugarán con él para decidir sobre su futuro.

Basada libremente en la novela de “El Fuego Fatuo” de Drieu La Rochelle, nos encontramos con una película minimalista, con música casi extinta y que se acompaña de las conversaciones de la gente y lo que le rodea al personaje de Anders Danielsen para hacer una banda sonora única y muy reflexiva. A veces en la vida no hay más vuelta de hoja que la que nosotros queremos darle, por mucho que otros en ella vean ventanas abiertas, tu puede que encuentres que no es lo que deseas, o imaginaste, o directamente sientes que has arruinado todos los momentos en los que tu vida puediera haberte llevado a otro sitio muy distinto del que estás. Pues bien, Anders siente, a grandes rasgos, eso, que su vida no le pertenece, por lo que nada más comenzar la película vemos que intenta suicidarse ahogándose en un lago, cosa que no llevará a cabo, o bien porque le quedan ciertos asuntos que resolver o bien por cobardía.

Durante 90 minutos, aproximadamente, acompañaremos a Anders en peregrinación, yendo a ver a un amigo con el que solía salir de juerga. El asentó la cabeza mientras que Anders se hundió en el fango con las drogas y el alcohol. Más tarde asistiremos a una entrevista de trabajo y a una cita que tiene con su hermana. Para concluir con una noche en la que su pasado vuelve para darle la mano. Puede que sea la noche que le cambie la vida, que encuentre el amor o que directamente acabe de posicionar su último pensamiento hacía el fin de sus días. Una reflexión existencialista en la que estamos atrapados con el protagonista.

Este tipo de películas no son de sí me gusta o no me gusta. Son de las que tienes que haber sentido o vivido un momento parecido para conectar, con sólo un segundo está ahí, sino quedarás lejos de ella. Ese momento en el que no sabes hacía dónde te dirigen tus actos o un fragmento en el que no sepas sí esto es lo que querías. Ese momento de reflexión en el que te hundes pensando en lo que nunca fue, en lo que no es y en lo que tampoco será. Ahí, es dónde conectas y ves si lo que Anders Danielson y Joachim Trier te satisface o directamente es una tomadura de pelo existencialista más, con drogas y penurias sin sentido. Yo he optado por la primera opción.

Puede que de entrada parezca una especie de “Veronika decide morir” o un “Mi vida sin mi”, pero con toques y reflexiones distintas. Un viaje introspectivo en el que el director no se posiciona a favor o en contra del protagonista, es como una exposición, nos lo enseña, pero en ningún momento juzga los hechos, ni intenta compadecerse de él, ni mucho menos justificarlo, es un medio para ver una historia.

Para mí el momento clave de la película es cuando Anders está sentado en una cafetería rodeado de gente, todos hablan sobre su vida y el escucha-observa. Está rodeado de gente pero a la vez está en una soledad absoluta, oyendo los deseos que alguien tiene para su vida, sobre la relación de alguien con su pareja, una conversación entre amigas y ahí es cuando él (y obviamente tu) se da cuenda de que una vida sin Anders es viable, una vida sin mí es totalmente viable, todos somos prescindibles aunque formamos parte de un todo. Esa reflexión tan simple para el espectador, que parece “casualidad” es un punto clave para entender al protagonista.

“Oslo, 31 de Agosto” es atípica y poética. Incómoda en ciertas situaciones, cuando te ves reflejado, pero a la vez es valiente porque es algo que no se suele ver en pantalla grande. ¿Le ponemos una nota? Yo le doy un 8 porque ha sido toda una experiencia que no pude ver cuando se estrenó, una película que recomiendo a quien le guste el cine diferente, en el que el título o que esté ambientada en el último día de verano, no es por decisión al azar, sino como guiño del fin de un ciclo, porque como todos sabemos, a pesar de que el año comience el 1 de enero, para todos –trabajo, escuela, deportes…– el 1 de septiembre es el comienzo del nuevo año.

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